“Buscamos generar autonomía en nuestros estudiantes”, Universidad Siglo 21

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Campus Universitario

“Buscamos generar autonomía en nuestros estudiantes”

En medio de la pandemia, la Diplomatura en Competencias para la Inclusión Social y Laboral inició el cursado con 12 estudiantes a través de una plataforma virtual. Un ejemplo de que querer es poder.  

Con el dinamismo que se requiere en educación para adaptarse a los tiempos que corren, la Diplomatura en Competencias para la Inclusión Social y Laboral –que se dicta en Siglo 21 desde el 2012- se puso en carrera para no dejar a nadie atrás. 

Desde que comenzó la pandemia por Covid-19 la propuesta original tuvo que cambiar la modalidad, que en un principio era presencial, para continuar de forma virtual hasta que se termine el confinamiento. Los estudiantes también tuvieron que adaptarse: “hay chicos que no tenían internet en su casa, pero arreglaron con su vecino para que les preste la computadora los días que tienen clase. Eso demuestra que si hay ganas y se trabaja, se puede”, afirma la Lic. Gisela Caraglio, coordinadora general de la Diplomatura en Competencias para la Inclusión Social y Laboral.

Los jóvenes se adaptan de manera rápida a los nuevos entornos digitales. Desde el momento cero, tuvimos reuniones informativas por la plataforma Zoom, como la mayoría de la gente. Los chicos se fueron habituando, y cuando iniciaron las clases pudieron usarla sin inconvenientes y con autonomía”, añade.

Las clases tienen una duración de 3 horas con recreos de Socialización de media hora, 3 veces a la semana sumándose al calendario académico de toda la Universidad. La Diplomatura nació en 2012 y ya hay egresados de cuatro cohortes. 

Las docentes tuvieron que adaptar la currícula, el material teórico y el dictado de clases a una forma virtual en muy pocos días. En Córdoba las clases iniciaron en abril, y en Río Cuarto, en agosto. En el mes de julio, van a finalizar el Cursillo Introductorio a la Vida Universitaria.

“Es importante abordar la virtualidad pensando en garantizar la accesibilidad y contar con las herramientas adecuadas para sostener la persistencia de los estudiantes, que no se agoten y que no se aburran. No es igual una hora de clase presencial a una clase mediada por una pantalla”, explica Caraglio.

 

 

El rol de las docentes 

Dado que las clases en Córdoba comenzaron antes que en Río Cuarto, las profesoras del sur provincial pudieron sumarse al inicio de las clases en la Capital para ir viendo las adaptaciones a la currícula que luego deberían replicar con sus alumnos. “La situación de cuarentena, que obligó a la virtualidad, abrió un panorama de poder pensar en dar clases a jóvenes de cualquier parte de país. Está claro que nunca la virtualidad va a reemplazar la presencialidad, son experiencias diferentes, aprendizajes diferentes, pero es viables y posible. Depende de las estrategias, planificación de clases y capacitación en el uso de herramientas tecnológicas para llegar a los estudiantes”.

“La cuarentena vino a decir que la educación tal como estaba no puede seguir: yo puedo hacer de cuenta que no pasa nada y  dar una clase como lo hago habitualmente o decidir empezar a innovar y comprometerte con la educación. Creo que en ese sentido en Siglo 21 estamos aceitados”. 

“Uno fue educado en un nivel tradicional y a veces no se te ocurre otra forma, pero cuando te empezás a sumar a los nuevos medios tecnológicos, surgen herramientas interesantes, motivadoras, que generan otro tipo de aprendizaje, y que van seguir aprovechándose cuando se retomen las clases presenciales”.

 

 

Inclusión real 

En un primer momento se relevó a los estudiantes para ver quiénes tenían computadora y acceso a internet y resultó que “los mismos jóvenes en su afán y deseo de estudiar en la Universidad, buscaron alternativas para poder conectarse, el deseo de progresar y estudiar en la Universidad los motiva”.

 “Es increíble cuando entras a la sala Zoom ver cómo se relacionan: armaron grupos de Whatsapp, uno pensaría que lo social queda de lado con esta plataforma, pero las clases están programadas para que puedan entrar un rato antes, y acá, se quedan, charlan, no son jóvenes que tengan muchas oportunidades de socialización y menos en cuarentena, entonces, encontrarse con pares da mucho empoderamiento. Sucede de todo, discusiones, peleas, amoríos”, describe.

La Diplomatura genera empoderamiento: es brindarle acceso al derecho a la educación superior y generarle  la expectativa a estos chicos de que pueden aspirar a mucho más, desde lo laboral y profesional, así como formar sujetos con derechos y obligaciones”, dice la coordinadora general.

“Hay un cambio en la vida de las personas que cursaron la Diplomatura: cuando uno hace el relevamiento, muchos han quedado trabajando en las organizaciones donde realizaron la práctica, otros siguieron estudiando  y otros tenían trabajo y lo pudieron sostener”.

No son sólo responsables los jóvenes con discapacidad, sino la sociedad tiene que garantizar que se cumplan sus derechos y que exista un reconocimiento de que son personas capaces  y activas. No solo las grandes empresas tienen que trabajar por eso, sino también el kiosco o la panadería del barrio, que son espacios donde podrían trabajar las personas con discapacidad. Todos estamos en la obligación de capacitarnos y aprender”, concluye. 

Educación y Psicología

03/Jul/2020

Temas:
Diplomatura en Competencias, Coronavirus,

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