El coronavirus puso en jaque al transporte urbano y la circulación de las sociedades en el mundo. La nueva generación de ingenieros enfrenta el desafío de pensar la movilidad desde una nueva visión.

Si el virus se transmite entre personas, ¿cómo nos movemos en la era de la post pandemia? El comienzo de una nueva normalidad obliga a las sociedades a replantearse el funcionamiento del transporte urbano y la circulación, garantizando la salud pública y una movilidad más sustentable. Frente a un nuevo comienzo histórico luego del coronavirus, uno de los tantos sectores que enfrenta desafíos inéditos es el de los ingenieros en transporte, quienes deberán pensar en una nueva logística de la conectividad.

Según un relevamiento de la Organización de las Naciones Unidas, desde 2007 más de la mitad de la población mundial vive en ciudades y se espera que esta cantidad aumente hasta un 60% para el año 2030, lo que se traduce en un mundo cada vez más urbanizado. “La rápida urbanización está dando como resultado un número creciente de habitantes en barrios pobres y en infraestructuras y servicios inadecuados y sobrecargados como el transporte público ”, postula el organismo.

Para la ONU, además de la urbanización, el impacto del COVID-19 será más devastador en las zonas urbanas pobres y densamente pobladas, donde muchas veces el hacinamiento dificulta cumplir con las medidas sanitarias recomendadas como el distanciamiento social. En la diversidad de contextos sociales, pensar en la lógica del transporte urbano y la circulación de las personas es un desafío urgente para seguir impulsando el desarrollo de las sociedades bajo los lineamientos de una nueva normalidad que se abre.

De acuerdo a una encuesta de la consultora Adecco Argentina, en 2018 ocho de cada diez personas utilizan el transporte urbano para ir al trabajo, lo que representa el 58,65% de la población. Con la llegada del coronavirus, los viajes fueron una de las primeras áreas en ser restringidas por el contacto masivo entre pasajeros y las altas posibilidades de contagio de la enfermedad.

Al día de hoy y más allá de las diferencias de estrategias sanitarias entre ciudades y provincias, en la mayoría de los casos el transporte urbano se desalienta para la población en general excepto para los trabajadores de las actividades consideradas esenciales. Luego de que todo pase, ¿cómo será volver a moverse?

Los profesionales del mañana

En Siglo 21, la Ingeniería en Transporte y Caminos trata sobre la aplicación de principios tecnológicos y científicos a la planificación, diseño, operación y administración de las facilidades de cualquier modo de transporte con el fin de proveer un movimiento seguro, conveniente, económico y compatible con el medio ambiente.

Como parte del perfil profesional, la carrera capacita a los futuros ingenieros en algunos ejes como: diseño y aplicación de sistemas de transporte monomodales o multimodales de bienes y personas en el ámbito público y privado; estudios y construcción de caminos, aeropuertos, vías férreas con el dimensionado hidráulico y pre-dimensionado de la estructura; y gestión y planificación de sistemas de tránsito en caminos rurales, urbanos y regionales para la resolución de problemas de movilidad.

La propuesta académica pone foco en lo local y lo global y prevé una oferta de trabajo dentro de organismos gubernamentales y el sector o empresas de transporte urbano e industrias. Si en cada crisis hay una oportunidad, asistimos al momento de pensar en cómo mejorar el sistema de movilidad que ya tenemos y en una diagramación a futuro que cuide la salud de las personas, sea sustentable con el planeta y eficiente en sus objetivos.

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