El exdecano en la Universidad de Columbia afirma que es crucial para Hillary movilizar a sus bases y que Trump capitalizará derrotas militares y ataques terroristas.

La carrera hacia la Casa Blanca, para definir el sucesor de Barack Obama a partir del 20 de enero de 2017, hace rato quedó reducida a dos aspirantes con perfiles bien disímiles. Sólo resta que las convenciones partidarias proclamen de manera oficial a Hillary Clinton como la candidata demócrata, y a Donald Trump como el aspirante republicano.

Más allá de la confirmación del magnate en la fuerza que aspira a regresar tras ocho años al Despacho Oval, o de los reparos que muchos estadounidenses ponen a la que puede convertirse en primera mujer en presidir el país más poderoso del planeta, el camino hacia el segundo martes de noviembre puede deparar aún imponderables y ser sacudido por golpes, como el que sembró terror y muerte en Orlando en la madrugada del domingo pasado.

Robert Shapiro, exdecano de la Facultad de Ciencia Política de la Universidad de Columbia y exdirector académico del Centro de Investigaciones de la Universidad de Chicago, cree que aún es prematuro hablar de una elección resuelta en su país. Poco antes de disertar en la Universidad Empresarial Siglo 21 y en la Universidad Nacional de Córdoba, en el marco de un programa auspiciado por la Embajada de Estados Unidos en Argentina, el politólogo dialogó con La Voz sobre lo que cabe esperar de estas presidenciales.

–¿De qué modo impactan en la campaña hechos como la masacre de Orlando?

–Trump y la estrategia republicana van a incluir de manera muy importante las críticas a todas las políticas adoptadas por la presidencia de Obama. Eso se verá a partir de cualquier ataque terrorista, pérdidas sufridas en conflictos internacionales y en la economía. Todos los candidatos republicanos fueron muy críticos y Trump resumió todo eso con el reclamo que hace en una frase: “No estamos ganando”. Apenas ocurrió lo de Orlando, Trump culpó a Obama. Si de entrada se determinaba que era un ataque doméstico, la conversación hubiera sido diferente.

–¿El miedo favorece a los discursos más extremistas?

–Claramente, si hubiera más ataques de este tipo, seguramente van a impactar más a los demócratas, que están en el gobierno. Esto pone a la defensiva a Obama y a Clinton, pero a su vez ellos también criticarán a Trump por su estilo. Lo que pasó les dio una oportunidad de hablar sobre el control de las armas.

–Se combate al Estado Islámico en Irak, Siria o Libia, pero aparecen lobos solitarios en Francia, Estados Unidos…

–Estos ataques de lobos solitarios aumentan el nivel de miedo. Son de mucha preocupación para líderes y para votantes de Estados Unidos, sobre todo cuando suceden en mi país o en Canadá o en democracias europeas. Las peleas con los extremistas islámicos en Siria, Irak, Libia y otras partes de Medio Oriente ya son un problema militar en el exterior.

–¿Quién ganará el 8 de noviembre y qué tópicos inclinarán la balanza?

–Es muy temprano para decir quién ganará. Hoy, hay un aumento del apoyo a Obama, que es mayor incluso que cuando fue elegido; los inmigrantes que votan, segunda o tercera generación de latinos y de asiáticos, junto con los afroamericanos, y nuevas generaciones de electores, que han apoyado al actual presidente en un 90 por ciento. Asumiendo que la mayoría de ellos vote, debería tener ventaja Hillary. Es crucial que los demócratas puedan movilizar a sus bases para que vayan y voten. También los beneficiaría que los republicanos no consigan movilizar a su electorado, principalmente de votantes blancos; la estrategia de los republicanos es tratar de expandir aún más el apoyo de este electorado. Esto implicaría poder arrastrar el voto de los republicanos que no quieren a Trump, que son muchos. Por eso, el magnate intentará que si no lo votan con entusiasmo a él, voten enojados contra Hillary.

–¿Y qué puede hacer decidir a quienes aún no lo están?

–Los indecisos van a terminar juzgando si quieren continuar con una presidencia demócrata, porque ese partido ha hecho un buen trabajo, o si van a preferir a Trump, porque creen que las cosas andan tan mal, ya sea por tendencias económicas o ataques terroristas. Trump trata de mostrar fallas en temas de seguridad nacional e internacional. Por ?eso, creo clave lo que pase en Siria y en Irak, y en las relaciones con China, Rusia, Corea del Norte y otras áreas de conflicto. Si la economía llegara a mejorar y si Estados Unidos y sus aliados en Irak y en Siria –con apoyo de Irán– obtuvieran victorias en Faluya, Mosul y Raqqa, las áreas hoy bajo el control del Estado Islámico, podría tener un efecto muy positivo. Pero si la situación fuera similar a la que enfrentó Jimmy Carter en 1979, cuando las cosas anduvieron bien en lo interior, pero muy mal en lo exterior con la crisis de la embajada en Teherán y en ?Afganistán, eso daría a los votantes la impresión de que los demócratas, en general, son muy débiles. Así, la elección podría ser decidida con la pregunta que eleva Donald Trump: “¿Estamos ganando?”.

Latinoamérica en la campaña presidencial

“Las relaciones con el continente americano, en general, y con Argentina, en particular, no fue un tema candente en la campaña. No porque no sea importante, sino que es menos prioritario. Trump, con su actitud con respecto a la inmigración, sugiere que su visión no es muy positiva. Sin embargo, el gobierno de Mauricio Macri tuvo una actitud positiva hacia Estados Unidos y la embajada estadounidense aquí está más receptiva”, asegura Robert Shapiro.

Publicado originalmente en La Voz

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