Por Jaime Rodríguez Alba. Director de la Licenciatura en Administración Pública y de la Tecnicatura Universitaria en Administración y Gestión de Políticas Públicas.

Presento estas reflexiones en el marco del evento al que tuve la suerte de asistir invitado por la OAJNU (Organización Argentina de Jóvenes para las Naciones Unidas). El mismo se desarrolló el día 5 de octubre bajo el auspicio de Cecilia Pantano, quien ofició la presentación del mismo dando marco a lo que define una buena conversación, en el auditorio de la Sede Nueva Córdoba. OAJNU convocó a siete candidatos a las elecciones próximas. Gustavo Córdoba realizó la tarea de moderador del debate con suma profesionalidad.

El debate buscó situar la posición de los distintos candidatos ante las temáticas que más afectan al mundo juvenil. Se propusieron muchas preguntas, de las que seleccionaron varias para realizar a los candidatos. El leitmotiv del debate: “la juventud pregunta, los candidatos responden”. Asistieron candidatos de las siguientes agrupaciones: Cambiemos (Brenda Austin), Encuentro vecinal Córdoba (María Rosa Marcone de Pagano), Primero la gente (Beto Beltrán), Unidad ciudadana (Eduardo Gabriel Fernández), Frente de Izquierda (Javier Musso), Izquierda al Frente (Luciana Echevarría) y Unión por Córdoba (Edgar Bruno).

No entraremos en la exposición que cada candidato hizo de sus posturas. La reflexión que aquí me gustaría traer es otra distinta, relativa al auditorio. Un auditorio repleto de jóvenes que mantuvo durante las dos horas de debate una actitud encomiable de respeto a las diversas posturas. La concurrencia es muestra de cómo los jóvenes participan en la política, se interesan por el hecho público y lo que a mi modo de ver resulta más interesante: edifican desde los pequeños actos un espacio cívico de tolerancia, ejercicio de la deliberación, interés público y afán por un mundo más justo. Esto se traslució en el evento, no sólo por las formas y aguante del auditorio, sino también por las preguntas que realizaron.

Las preguntas fueron seleccionadas por la organización, ante el aluvión de ellas que se hicieron. Pero también hubo un turno de preguntas al final del debate, allegado a lo que los distintos candidatos expusieron en los acotados tiempos que cada uno tuvo. Si las preguntas pautadas al igual que el orden de intervención fueron de calidad –temas como la educación, la rebaja de la edad penal, las políticas de empleo, etc. – resultaron sorprendentes las preguntas hechas desde el auditorio mismo. Una finura en la presentación de las preguntas admirable. A cada candidato nuestros jóvenes asistentes tuvieron el atino de preguntar por aquello que podríamos llamar poéticamente su “lado oscuro”, esto es por aquello de lo que menos le gusta hablar porque supone un compromiso con valores que pueden no ser tan compartidos. Pero también por situar a los candidatos ante la exigencia de tener que dar cuenta de algo central en la política democrática: que la parte ha de dirigirse al todo. Todos sabemos que el gran reto de la política democrática de partidos es este: el partido exige “tomar parte”, pero una vez en el gobierno ha de buscar trabajar para el todo. Aunque el todo social es sólo una fantasía, avanzar en el desprendimiento del interés particular es la esencia de la política democrática. Por esto la misma ha de orientarse hacia el bien común, la imparcialidad, la justicia, la equidad, etc.

En este punto creo que es importante detenerse desde la reflexión. Ciertamente los candidatos fueron correctos en las formas y expusieron brillantemente sus posturas, algunos incluso con ciertas figuras retóricas que aplaudió el público. Demostraron así esta idea tan importante que nos trae la politóloga Chantal Mouffe: la política democrática es política del agonismo, muy distinta a la pretensión del antagonismo. Mientras este se sustenta en la lógica del amigo/enemigo –una lógica excluyente que genera formas diversas de violencia-, la lógica del agonismo nos remite a esa figura del teatro griego: el agon. En el agon los actores expresaban sus ideas, su idiosincrasia podríamos decir, sobre el trasfondo de las voces del coro que les contrastaba. El coro representa a la ciudad, sus tradiciones y costumbres, sentido común, pero también temores y deseos. En el agonismo, nos sitúa Mouffe, se trata de tomar en serio al adversario, discutirle, buscar superar su propia argumentación, convocar a terceros junto a la postura propia, etc., pero manteniendo el horizonte de una vida compartida. Sosteniendo el trasfondo de valores comunes, de símbolos compartidos, etc. Tejiendo en la disputa la senda de la excelencia: en el argumento, en la propuesta, en los planes, etc. Muy distinta es la lógica amigo/enemigo, aquella en la que el teórico de la política Carl Schmitt hiciera sustentar la dinámica de lo político. La diferencia es notoria: mientras el agonismo es una invitación al consenso parcial y a la disputa permanente, el antagonismo es la pretensión de subsumir la diferencia en la unidad, esto es, fagocitarla, anularla o incluso exterminarla. Todos sabemos el dicho de guerra: “al enemigo ni agua”. Agonismo es una suerte de arbitraje institucional y sublimación cultural del conflicto. Antagonismo un riesgo para la convivencia democrática y para la posibilidad misma de sustentar eso que Hannah Arendt llamara espacio de la pluralidad. La Política (arte de hacer Polis: “poli-tes”, el ciudadano, etimológicamente “el que hace polis”) presupone la pluralidad. Sólo con la pluralidad emerge la diferencia, la novedad, la posibilidad de cambio. Anular la pluralidad es eliminar la política, convertirla en una pura gestión de los cuerpos y en el ahogo de los deseos humanos en la más pura de las negaciones de su propia naturaleza. El ser humano es político por naturaleza, como ya vieran los pensadores clásicos.

Es una gran alegría asistir a encuentros en los que los jóvenes, con sus hechos, desmienten ese tan manido recurso de los viejos, empecinados tantas veces en que “cualquiera tiempo pasado fue el mejor”. Los jóvenes que acudieron a este auditorio dieron cuenta del contrario espíritu: la política sí nos importa, el mundo en común sí lo buscamos. Hermoso ver cómo al final del debate seguían acorralando a los candidatos a preguntas. Pero más impactante asistir al evento, al acontecimiento diría, de presenciar cómo fueron capaces de situar el dardo de la crítica en el corazón del ilusionista. Es fundamental tener ilusio (energía que mueve hacia objetivos), pero un riesgo arrastrarse por ilusiones. Ya lo sabemos todos: Narciso fue arrastrado por la corriente. A mi entender los jóvenes en este evento fueron ilusionados, pero no ilusos. Fueron críticos, pero no narcisistas.

La habilidad de situar el problema de los valores compartidos en el escenario de lo político es central para la política que viene. No son fáciles los tiempos y el futuro es una Moira que abre múltiples incertidumbres: ¿podremos abordar los retos de un mundo cada vez más globalizado y mediado por tecnologías? ¿Seremos capaces de emprender el camino de la construcción de subjetividades tolerantes, abiertas, etc., que construyan un espacio cívico plural que busque más la diferencia que la identidad? ¿Seremos capaces de abordar los retos de la sustentabilidad? Etc. Sólo desde la identidad de la diferencia podemos asumir la diferencia de las identidades. Por esto resulta tan impactante y esperanzador –de esa esperanza que tiene más que ver con la alegría de un futuro que relumbra que con la tristeza de un miedo ya presente- descubrir que nuestros jóvenes ya están en esto: ir al grano del problema fundante de todos los demás, asumir la construcción plural de un mundo común.

Cada partido tomó parte por su propio ideario, pero los jóvenes presentes en el acto tuvieron el coraje cívico de situar esta parte en relación al todo, incomodando a cada candidato respecto a aquellas preguntas que sí o sí ha de tener que responder si se sitúa en la tarea de gobierno. Curiosa y hermosa situación: estos jóvenes hicieron a los candidatos tales. Volvamos a la etimología: “candidato” deriva del latín “candidatum”, del verbo “candidare”, en castellano “blanquear”. Estos jóvenes hicieron a cada candidato blanquear su propia postura. Este es, precisamente, el arte de la política.

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