En septiembre de 2008 Rosa Sabena se enfrentó a la desaparición de su hijo de 21 años. La extensa batalla judicial que aún transita, la animó a estudiar Derecho en la Universidad y llevar adelante la causa que investiga lo ocurrido. Hoy Rosa es un ejemplo de lucha en Córdoba y el resto del país. 

Rosa Sabena tiene sesenta años. Nunca imaginó que a su edad se convertiría en abogada.
La desaparición de su hijo el 14 de septiembre de 2008 la convirtió en una madre coraje, una mujer humilde y luchadora que emprendió un camino incesante en la búsqueda de Nicolás. 

Decidida a apostar por todo, en medio de la batalla judicial por condenar a los asesinos de su hijo y encontrar el paradero de su cuerpo, ingresó a la Universidad Siglo 21 para convertirse en abogada. Hace unos días, acompañada por sus familiares y seres queridos, recibió su título universitario. 

“Es indescriptible. No me propuse nunca comenzar una carrera. Es un mimo a tanto dolor, sobre todo para mi marido y mi hijo que tanto me han visto sufrir. Logré ingresar a una universidad en el peor momento de mi vida, pero esta carrera me brindó las herramientas para seguir con la denuncia”, reflexiona. 

Nicolás Sabena desapareció hace casi ocho años en Río Cuarto, de donde es oriunda la familia. Tenía 21 años. Su acercamiento con la familia Vargas –reconocida por el consumo y venta de drogas– es el último dato que se conoce sobre el destino que corrió su vida. 

En 2014 la Cámara II del Crimen de Río Cuarto condenó a los captores de Nicolás: José Francisco ‘’Yaca’’ Vargas, su padre José Francisco Vargas Miserendino, y su hermana Lucía Inés Vargas, a 18, 17 y 16 años de cárcel por el secuestro del joven. Sin embargo, los restos de su cuerpo nunca fueron encontrados. 

Rosa decidió que tenía que estudiar Derecho para poder conocer y llevar adelante la causa de su hijo. El momento clave fue cuando la Justicia resolvió en su contra en diciembre de 2010, y les concedió la libertad a los Vargas. Con la recopilación de pruebas y un seguimiento puntilloso de la situación judicial, junto a un abogado logró que la familia Vargas vuelva a prisión. 

“Cuando los liberaron me sentí desprotegida. Necesitaba conocimientos técnicos y jurídicos para poder enfrentar a gente que no hacía su deber en la Justicia. Las resoluciones eran tendenciosas y arbitrarias”, recuerda. 

En medio del dolor y la búsqueda, Rosa reconoce haber hallado una vocación en el Derecho.

“Me encontré con que la carrera me apasionaba. A veces no podía ir a una examen porque había un allanamiento por mi hijo, entonces los profesores me tomaban en otro horario u otro día”, explica, y agradece el acompañamiento de sus profesores y compañeros de Siglo 21: “Tuve la contención en el momento justo y las herramientas que necesitaba para seguir la lucha. Si bien no he podido encontrar a mi hijo, al menos parcialmente he logrado justicia”. 

Hoy la madre de Nicolás investiga todas las complicidades en torno a la desaparición de su hijo, además de reclamar que se destituya al primer fiscal de la causa, Walter Guzmán, por su irregular desempeño durante los pasos más importantes de la investigación. “Hay jueces muy buenos pero también está la otra parte”, advierte.

 

Luchar por un hijo desaparecido

Rosa Sabena recuerda a Nicolás como un chico feliz. El joven lidiaba con un retraso madurativo que lo hacía parecer aún más chico. “Siempre me decía que yo era muy inteligente. Debido a su situación a veces no tenía un buen rendimiento académico”, cuenta su madre, y asegura que todo lo hecho, incluido su título universitario, “fue hecho por él”. 

A lo largo de su búsqueda tomó contacto con otras madres y organizaciones, que también despliegan su lucha frente a tragedias similares. Su pronta matrícula de abogada, comenta, le permitirá asistir a otros casos que ya la están esperando para defender. La mayoría tienen que ver con jóvenes desaparecidos de sus hogares. 

“Hay montones de casos sueltos. Y el conocimiento te da fuerzas para ver más allá y poder ayudar”, dice la nueva Abogada.

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