El coronavirus dejó en evidencia la importancia de repensar desde la gerontología el bienestar de quienes durante la pandemia se vieron profundamente aislados por la emergencia sanitaria.

La pandemia que confinó al mundo a meses de cuarentena tuvo uno de sus mayores impactos en las personas de edad avanzada, la población de riesgo más grande frente al coronavirus. El aislamiento de los adultos mayores logró en muchos casos salvar miles de vidas, pero dejó de lado una pauta de salud importante relacionada al bienestar emocional.

Esta situación invita a repensar desde la nueva normalidad en cómo fortalecer la conexión social de los ancianos para una mejor calidad de vida, que además cuide su salud física frente al COVID-19. Para la Organización Panamericana de la Salud (OPS), lo vivido en 2020 puso de relieve la importancia de alcanzar un envejecimiento saludable y de “encontrarse en mejores condiciones de enfrentar una pandemia de estas características”.

Según el organismo, este objetivo implica un "proceso continuo de optimización de oportunidades para mantener y mejorar la salud física y mental, la independencia y la calidad de vida a lo largo de la vida”. Ante la pandemia, la distancia física fue vital “pero se deben hallar maneras creativas y seguras para incrementar las conexiones sociales”, postula la organización.

En este marco, la gerontología como ciencia que se dedica al estudio de los distintos aspectos de la vejez y el envejecimiento de la población cobra un papel relevante para pensar en cómo abordar la salud integral de los adultos mayores atendiendo a los desafíos de estos tiempos. Crear nuevas estrategias de bienestar emocional y entornos saludables requiere de profesionales capaces de imaginar formas de vincularse que protejan la salud física.

Sobre dicho propósito, encontramos a la Licenciatura en Gerontología en Siglo 21, una oportunidad para aprender desde una visión integral de la salud, donde el foco está puesto en el paciente. De esta manera, respondemos a lo que el mundo nos demanda hoy, con los valores y la convicción para la creación de sociedades sanas. Nuestra Universidad concibe la salud como un estado completo de bienestar.

En Argentina, por ejemplo, los distintos gobiernos pusieron en marcha políticas destinadas a este sector de la población. En Córdoba el Gobierno provincial lanzó el programa “Mayores en Red”, que consta de un 0800 para un público mayor de 60 años, que les permite solicitar ayuda telefónica para comprar alimentos, medicamentos o denunciar situaciones de violencia o maltrato. También, fortaleció la interacción virtual socio cultural a través de talleres de música, idiomas, computación y teatro desde el Espacio Illia, dependiente del Ministerio de Finanzas de la Provincia.

Estas políticas, ¿son suficientes? Para Rosa Kornfeld-Matte, experta de la ONU en Derechos Humanos, “los ancianos enfrentan de por sí un tipo de discriminación debida a su edad y que, por lo mismo, requieren derechos específicos de protección”. Según la especialista, si bien los adultos mayores se han hecho visibles por su vulnerabilidad frente al COVID-19, no se han escuchado sus preocupaciones u opiniones: “Esto lo hemos visto en el lenguaje cruel y deshumanizado que circula en las redes sociales, que hace énfasis en la vulnerabilidad e ignora la autonomía de los ancianos ”.

¿Cómo pensar en alternativas desde el sector público y privado, la sociedad civil, los organismos internacionales y medios de comunicación que contemplen a la totalidad de esta población? Es una pregunta que deberán abordar losprofesionales de la gerontología frente a los nuevos tiempos.

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