El impacto de la Educación Positiva en el aprendizaje

14 de junio de 2021

La implementación de este paradigma en las instituciones educativas busca desarrollar competencias académicas y humanas. Con la generación de un Ecosistema de Bienestar, el modelo se orienta a mejorar el desempeño académico de las y los estudiantes, fortalecer sus vínculos sociales e incentivar la permanencia en los estudios.

Existen diversos factores, contextos y estados de ánimo que se ponen en juego a la hora de emprender y culminar un proyecto académico personal. La inteligencia y el estudio no son los únicas, afirma el Dr. Mauricio Zalazar, investigador y docente de la Licenciatura en Psicología de Universidad Siglo 21.

En este sentido, Salazar, especialista en psicología cognitiva conductual, sostiene que existen numerosas variables que determinan el egreso de las y los estudiantes. Entre ellas, “cómo perciben a la universidad, cómo se sienten estudiando sus carreras, sus creencias de autoeficacia, la cuestión del significado y el logro, las relaciones positivas y el compromiso con la carrera”. Todos estos factores atraviesan la vida académica de las y los alumnas y son la base de su bienestar individual y social.

Desde esta perspectiva, la educación no consiste solamente en la simple transmisión de contenido, sino que “se tiene que ver de una forma integral, incluyendo experiencias que promuevan el bienestar y el desarrollo personal de los estudiantes”, tal como explica el Dr. Leonardo Medrano, Vicerrector de Investigación, Innovación y Posgrado, quien además es docente e investigador en Siglo 21. “Si no tienen bienestar es difícil que las personas puedan afrontar desafíos y desarrollar su talento”, agrega.

La Educación Positiva implica principalmente fortalecer un abordaje educativo integral. Es un modelo que contempla no solo el desarrollo de competencias y contenidos académicos, sino también la formación de las fortalezas de carácter y la promoción del bienestar. Esto último contribuye a mejorar el desempeño académico de las y los estudiantes, sus vínculos sociales y la permanencia en los estudios.

Promover un Ecosistema de Bienestar

Un espacio en donde los miembros de la comunidad educativa trabajan de forma sinérgica y coordinada para promover el bienestar de las personas que transitan por ese ecosistema. Así lo explica Medrano, a lo que agrega: “El objetivo es que todos ubiquen al bienestar como un factor estratégico, que el estudiante pueda transitar por experiencias áulicas y por lo que se llama experiencias ampliadas, es decir fuera del aula, que tiendan a promover el bienestar y el desarrollo personal”.

Por citar algunos ejemplos, el académico destaca la creación de dichos espacios en Universidad Siglo 21 con experiencias como Vida 21, los Centros de Emprendedorismo e Innovación, el de Sustentabilidad Social y el Gabinete de Bienestar. De modo tal que no se trata solamente de incluir actividades adicionales al plan de estudio, sino que consiste en brindar espacios y experiencias que promuevan el bienestar personal y social de las y los estudiantes.

A estas alturas, “no basta con que el estudiante esté sentado en el aula y aprenda los conceptos”, sostiene Zalazar. Necesita además competencias socioemocionales que beneficien su estado de salud y lo preparen para el mundo laboral donde “son cada vez más demandadas por las organizaciones del sector productivo”, añade Medrano.

En la misma dirección, los estudios indican que las personas que tienen altos niveles de bienestar tienen mejor salud, menor probabilidad de tener algún padecimiento mental e inclusive tienen relaciones de pareja mucho más estables, según enumera Zalazar. Asimismo, “son menos propensas a la depresión, desesperanza y ansiedad, se encuentran más satisfechas con su vida en el amplio sentido de la palabra y tienen menos problemas de comportamiento”, agrega.

Un ecosistema de cinco dimensiones

Con el propósito de construir un Ecosistema de Bienestar, Universidad Siglo 21 conduce su estrategia a través del llamado modelo PERMA, diseñado por el investigador Martin Seligman. De este modo, la articulación de la Educación Positiva en la institución se da a través de sus cinco dimensiones: emociones positivas, engagement, relaciones sociales, logro y propósito.

En primer lugar, las emociones positivas son aquellas que nos remiten a estados y experiencias placenteras. Si bien no existen emociones buenas o malas, se apunta a generar un mayor número de positivas para poder lidiar con las emociones negativas. Relacionado a esto, la dimensión del Engagement consiste en el compromiso que uno adopta con una tarea particular que produce una sensación placentera, que nos sitúa en un estado de armonía, de afinidad, de flujo de conciencia. Esto es un estado de flow, de activación óptima en el que perdemos la noción del tiempo y nos concentramos intensamente en el presente.

En cuanto a las Relaciones Sociales, se trata de fomentar los vínculos saludables y, en consecuencia, mejorar las habilidades para interactuar con otros. Suponen un factor de protección y de apoyo extremadamente poderoso y, por ende, importante y necesario. Por otra parte, la dimensión de Significado y Logro, implica darle la relevancia que merece a cada objetivo, meta y propósito logrado.

Por último, diversos estudios indican que los beneficios asociados a la actividad física y a una alimentación saludable no se restringen solo al cuerpo, sino que también maximizan el bienestar psicológico. Por eso, el Bienestar físico, es un elemento clave para la salud y el bienestar.

A lo anterior, se suma el gran aporte de Tal Ben-Shahar, especialista en psicología positiva, que pone al bienestar físico y espiritual en el centro de la escena. El primero, porque uno de los factores que más afecta a las personas la relación entre el estrés y el descanso. El segundo, porque con la atención plena el cerebro sufre cambios positivos e incluso el sistema inmune se fortalece.

“La mejor versión de nosotros mismos”

En palabras del Dr. Medrano, ese es el propósito final de la Educación Positiva y la importancia de fortalecer las emociones en el proceso de aprendizaje. “Buscamos dar a los estudiantes una experiencia transformadora, que promueva su bienestar, que les permita desarrollar su talento para que después ellos puedan generar el mismo impacto cuando egresen”, agrega. Legitimar las emociones se convierte de esta manera en un proceso indispensable para el aprendizaje óptimo: aprendemos más y mejor cuando somos capaces de emocionarnos con la experiencia.

Universidad Siglo 21 se ha convertido en 2021 en la primera institución argentina en implementar el modelo de Educación Positiva. Este proceso se consolida además como resultado de una asociación estratégica con la prestigiosa universidad mexicana Tecmilenio, primera universidad positiva del mundo.