Género

Investigación realizada en la Universidad Siglo 21 revela un alto índice de violencia en parejas adolescentes

17 de septiembre de 2021

El estudio se centra en los noviazgos adolescentes. El resultado marca un alto índice de violencia hacia las mujeres y lanza una alerta a tener en cuenta respecto de políticas públicas de prevención y monitoreo.

Se entiende por noviazgo a cualquier vínculo establecido entre dos personas que se sienten atraídos mutuamente. En ese sentido, la investigación tuvo como objetivo identificar el grado de relación existente entre las violencias ejercidas dentro de estos vínculos las dificultades en la regulación emocional y el sexismo ambivalente en la población adolescente.

La regulación emocional refiere a la posibilidad que tienen las personas de moderar las emociones, sobre todo cuando son violentadas. Mientras que el sexismo ambivalente, hace referencia a las actitudes negativas y positivas al mismo tiempo.

“Más del 72% de los chicos y las chicas adolescentes que tienen o han tenido un noviazgo reconoció la presencia de al menos un indicador de violencia psicológica en sus relaciones”. Así reviste la situación actual en el diagnóstico realizado por la Defensoría del Pueblo del Gobierno de la Provincia de Córdoba. Además, en 2013, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reveló que 3 de cada 10 adolescentes en el mundo sufre violencia de género durante el noviazgo. La existencia de vínculos violentos y desiguales en las relaciones de pareja dentro de ese segmento de la población es una problemática global y constituye grave problema de salud pública, así como una violación a los derechos humanos.

La violencia en la pareja es entendida como un ejercicio de poder en el cual a través de acciones u omisiones se daña o controla a aquella persona con la que se tiene un vínculo íntimo o cuando la agresión es mutua. El propósito de analizar las parejas adolescentes responde a la etapa de iniciación de la socialización afectiva donde pueden manifestarse las primeras señales de violencia entre parejas. Cuando se habla de violencia en la pareja, se trata de múltiples tipos de violencia, entre los cuales se encuentra la violencia de género. A diferencia de la violencia física que se percibe inmediatamente como tal, existen muchos tipos de violencia que a veces se invisibilizan: la del tipo emocional, la psicológica o la económica, por citar algunos casos.

Según indica un estudio realizado por el Ministerio de Salud de la Nación en el año 2017, la violencia en la pareja ha trascendido y despertado preocupación en los últimos años, generando diversas políticas de prevención. La principal de ellas es la atención primaria de la salud: es que la violencia en la pareja contra la mujer es uno de los factores determinantes de su morbimortalidad y se ven reflejada en el alto número de femicidios, enfermedades de transmisión sexual, suicidio e intentos de suicidios. También se observan consumo de sustancias, trastornos de ansiedad, ataques de pánico y trastorno por estrés postraumático, entre otros.

Sobre la investigación

La investigación realizada en el año 2020 contó con un formulario virtual de acceso público en el que participaron 201 adolescentes de entre 14 a 27 años, hombres y mujeres, de diferentes niveles educativos y de varias provincias de Argentina, la mayoría de ellos con estudios universitarios incompletos. El mayor porcentaje de participación fue de la provincia de Córdoba con una taza de respuestas del 42%, luego la provincia de Buenos Aires con el 20% y le siguen Santa Fe y Tierra del Fuego, ambas con el 15% de participación.

La investigación contempla cualquier tipo de orientación sexual, pero el 79% de quienes respondieron y participaron, se definió como heterosexual. Respecto de género, un 88% se autopercibió como mujer. El formulario fue completado por 21 varones y 176 mujeres.

Los 201 participantes fueron seleccionados mediante un procedimiento no probabilístico o por disponibilidad, es decir que no se pueden generalizar los datos a toda la población, sin embargo, los resultados obtenidos se pueden contrastar con los antecedentes citados del gobierno de Córdoba y la OMS.

Según relata el investigador principal del proyecto, Matías Ampoli, quien además se desempeña como docente de la Universidad Siglo 21, se pudieron constatar altos valores de violencia en las respuestas con frecuencias que van desde “a veces” a “casi siempre”.

El 92,5 % manifestó recibir violencia de desapego, es decir comportamientos relacionados con una actitud de indiferencia y descortesía hacia la pareja y sus sentimientos ; el 75,1 % violencia de humillación, que agrupa los comportamientos de críticas personales dirigidas contra la autoestima y orgullo personal de la pareja; el 52.2% ha recibido violencia física, conductas donde aparecen golpes, empujones, heridas, etc. o en forma indirecta, a través del daño a objetos con significación emocional para la víctima.

El 83,6 % ha sufrido violencia por coerción, es decir la presión ejercida sobre la pareja para forzar su voluntad o su conducta; el 71,6 % declaró recibir violencia de género, que se conoce como conductas sexistas de burlas y sentimientos de superioridad frente a las mujeres, por el mero hecho de serlo; el 68,2 % violencia por castigo emocional, relacionadas a un tipo de enojo ficticio por parte del agresor, es un tipo de violencia muy difícil de medir y está relacionado a los otros tipos de violencia, y el 68,7 % violencia sexual, es decir todo comportamiento sexual no deseado por parte de la pareja.

La autorregulación emocional consiste en manejar las experiencias emocionales en lugar de eliminarlas. Es decir, reducir la urgencia asociada a la emoción y aumentar el control que la persona tiene sobre su comportamiento. Así, la regulación emocional hace referencia a la capacidad para inhibir impulsos o conductas inapropiadas o desadaptativas. De esta manera, personas con mayores capacidades de regulación emocional logran poner en marcha los comportamientos necesarios para lograr las metas planteadas o responder satisfactoriamente a las demandas de la situación, aún bajo los efectos de un estado emocional no placentero.

En ese sentido y utilizando la escala de indicadores DERS*, se obtuvieron los siguientes valores: (frecuencia que va desde “casi la mitad del tiempo” a “casi siempre”) un 71,1% manifestó falta de aceptación emocional, es decir reflejan la tendencia a experimentar emociones negativas secundarias como respuesta a una emoción negativa primaria (“cuando me disgusto, me da vergüenza sentirme así”); un 88,6 % declaró tener interferencia en conductas dirigidas a metas, son aquellas dificultades para concentrarse o realizar tareas cuando se experimenta una emoción negativa (“cuando me altero, me cuesta concentrarme”).

Un 64,2 %, dificultades en el control de los impulsos, expresan dificultades para controlar el propio comportamiento cuando se experimenta una emoción negativa (“cuando me altero, me siento fuera de control”); un 55,7%, falta de conciencia emocional, es la dificultad para admitir los estados emocionales; el 79,6, % falta de claridad emocional, examinan la medida en que una persona conoce y comprende sus emociones (“me siento confuso/a acerca de cómo me siento”) y el 57,7% presentó un acceso limitado a estrategias de regulación emocional. Es decir, la creencia de que no se podrá modificar un estado emocional no placentero (“cuando me disgusto, sé que puedo encontrar una forma de sentirme mejor eventualmente”).

“Como conclusión podemos decir que existió una relación significativa, directa y moderada en casi todas las subescalas, es decir a mayor grado de violencia recibida, mayor es la dificultad en la regulación emocional”, relata Ampoli. Y agrega que “más allá de los aportes obtenidos, es válido señalar las limitaciones que presenta esta investigación.

En primer lugar, la formación de la muestra no obedeció a un criterio aleatorio de selección, por lo que no se puede hacer una generalización de estos resultados al resto de la población adolescente.” Sin embargo, afirma que “al existir una correlación significativa entre las violencias y las dificultades en la regulación emocional, se plantea la necesidad de incluir en los programas preventivos y en la atención primaria de la salud acciones como monitoreo, modulación y evaluación de las emociones, ya que esto juega un papel importante en el desarrollo o no de conductas agresivas o apego inseguro. También se propone para futuras investigaciones evaluar la violencia en la pareja tanto recibida como ejercida”.

Metodología de Investigación

El trabajo se llevó adelante utilizando un software de estadísticas donde se introdujeron datos, frecuencias y porcentajes de variables sociodemográficas. Se utilizaron escalas internacionales que fueron validadas por el equipo de investigación, para la población argentina.

El cuestionario que se proporcionó a los más de 200 participantes, incluía escalas CUVINO, que evalúa mediante 42 ítems, la victimización de adolescentes y jóvenes en sus relaciones de pareja. Presenta cinco opciones de respuesta (0 = “nunca” y 4 = “muy frecuentemente”).

Otra escala que se utilizó y adaptó es la “Escala de Dificultades en la Regulación Emocional” (*DERS), por sus siglas en inglés, instrumento diseñado para medir la desregulación emocional y en el caso del sexismo, la ambivalencia consistía en observar si se presentaban subjetivamente en el individuo actitudes simultáneas de signo negativo (hostilidad) y de signo positivo (benevolencia) hacia el mismo objeto, que en este caso fueron las mujeres como grupo.

Si sos víctima de violencia de género o conocés a alguien que necesite ayuda, comunicate a la línea nacional y gratuita 144 que funciona todos los días del año, las 24 horas.

Equipo de Trabajo

Matías Nicolás Ampoli (1), Ana Varela Weser (2), Myriam Abecasis Aubone (3)

  1. Universidad Siglo 21, Córdoba, Argentina.
  2. Universidad Nacional de Córdoba, Córdoba, Argentina.
  3. Universidad Siglo 21, Córdoba, Argentina.