Claves para entender el regreso del talibán al poder

3 de septiembre de 2021

Claudio Fantini, periodista, analista político y mentor de la Lic. en Ciencia Política de la Universidad Siglo 21, analiza el conflicto en Medio Oriente tras la salida de las tropas estadounidenses.

El ejército estadounidense finalizó el lunes 30 de agosto su retirada de Afganistán, después de una misión que duró casi 20 años, y cuya motivación se inscribe en el atentado a las Torres Gemelas, en septiembre de 2001. Rápidamente, las imágenes que recorrieron el mundo evidenciaron el nivel de conflictividad social que quedó en el país tras la rápida y torpe retirada de las tropas estadounidenses. La incógnita que surge es cómo manejará el poder el régimen talibán y la seguridad del pueblo afgano.

El antecedente de esta retirada data del 29 de febrero de 2020, cuando el gobierno de Estados Unidos, presidido entonces por Donald Trump, y los talibanes firmaron en Doha, Qatar, un acuerdo que establecía la partida definitiva de Estados Unidos y sus aliados tras casi 20 años de conflicto. Como contrapartida, los talibanes se comprometían a impedir que el territorio afgano fuese utilizado para planificar acciones que atenten contra la seguridad de la potencia mundial.

“Los acuerdos firmados en Doha, suponían un final honorable a la presencia de EEUU en Afganistán y abría las puertas a un diálogo para llegar a un acuerdo y diseñar un gobierno entre las partes afganas en conflicto. Sin embargo, la imagen del avión carreteando en Kabul, con un enjambre de personas desesperadas tratando de abordarlo tras esta retirada atolondrada y desprolija que colabora en una catástrofe humanitaria, desnudó el mensaje de ese supuesto acuerdo, de la etapa de diálogo y negociación de las partes afganas para lograr un gobierno de unidad”, señala Claudio Fantini, politólogo y periodista.

A continuación, Fantini brinda claves para entender la historia y conflictividad de Afganistán y el surgimiento de los talibanes:

1. Multietnia

Para entender cómo funcionar esa sociedad “compleja y laberíntica”, hay que señalar que es una “sociedad dividida en etnias”. En palabras de Fantini: “Afganistán es una proyección de las naciones que lo rodean”. La etnia mayoritaria son “patanes o pashtunes”, que abarcan el centro sur de Afganistán hasta el este de Pakistán, país donde también habitan. La segunda etnia más grande son los tayicos, ubicados en el norte, en una extensión de la nación que ocupa el Tayikistán, que fue en la era soviética una de las 15 repúblicas socialistas soviéticas. Los uzbekos son la tercera etnia más numerosa, y representan una proyección en territorio afgano de Uzbekistán, al otro lado de la frontera. La cuarta etnia son los hazara, una etnia mongoloide descienden de los guerreros del Gengis Kan, pero “culturalmente son persas porque los hazara hablan farsi, lengua que se haba en Irán y profesan el islam chiita como la mayoría en pueblo iraní”, señala Fantini.

Si bien estas cuatro son las etnias más protagónicas, los pashtunes o patanes tienen su propia versión del Corán y sus propias reglas: “Tienden a guiarse por un código de honor que se remonta a tiempos ancestrales y por el cual se guía esta nación, por encima de las leyes del Estado”.

2. Cuarenta años de tranquilidad y lucha antisoviética

Respecto al período histórico de mayor “calma, orden y estabilidad” en Afganistán, el politólogo rememora las cuatro décadas, entre 1933 y 1973, en el que reinaba Mohamed Zahir, hasta que un primo lo derrocó. “Ahí empezó el desbarranque, el despiste y Afganistán empezó a perderse en sus propios laberintos”, indica.

Luego del derrocamiento de la monarquía, se creó una república que duró 5 años porque en 1978 se produjo la revolución de Saur, encabezada por generales comunistas. “Hasta la década del 70 u 80 en el ejército afgano había influencia comunista y los generales destituyeron y ejecutaron al líder afgano y construyeron el régimen prosoviético. Lo que se suponía era otra era de estabilidad, no logró estabilizar nada ni traer calma, sino generar una serie de rebeliones en las principales etnias donde empezaron a aparecer milicias antisoviéticas, principalmente en la etnia pashtun y en la etnia tayika”. Entre sus filas hubo un combatiente muy respetado y famoso por antisoviético: Ahmad Shah Masud, conocido como “el león de Panshir”, era quien reinaba en las montañas del Hindukush (situado entre Afganistán y el noroeste de Pakistán) donde perdieron los soviéticos las principales batallas.

“La fuerza de la tradición era un arma muy fuerte para los afganos, en particular los pashtunes”, explica Fantini. En ese sentido, “el discurso de los muyahidines -combatientes musulmanes contra los soviéticos- fue señalarlos como enviados de una potencia atea, que quería eliminar la palabra de Alá, y para los soviéticos se hizo difícil combatir contra el fanatismo religioso”.

En este momento, los norteamericanos les enviaban a los guerrilleros del “León de Panshir” misiles Stinger que se podían meter en las turbina de aviones y helicópteros artillados, que eran las mejores armas de los soviéticos para luchar contra muyahidines. Finalmente, a fines de la década del ’80, cuando los muyahidines entraron a Kabul, ahorcaron a los líderes soviéticos.

3. Origen de los talibanes

“El capítulo que empezó no tuvo nada de estabilidad, calma ni unidad nacional. Al poder se lo había quedado un líder sectario y faccioso, Burhanuddin Rabbani, y había un líder ultra fundamentalista de la etnia pashtun, que entraba en conflicto con Rabbani, y se peleaban con el “León de Panshir”, y en esa lucha empezó a brotar una milicia más dentro de los pashtunes: el talibán. La palabra viene de un término árabe talib, que significa estudiante, pero no es un estudiante de ingeniería, abogacía o letras, es un estudiante de religión. Este movimiento talibán se había iniciado en el lado pakistaní de la frontera y sur de Afganistán. Allí se formaron estos grupos ultrafanáticos, que creen que lo que dijo dios dicho está y debe aplicarse tal como ha sido dicho”.

Esta milicia obtuvo ayuda de pashtunes -del lado pakistaní de la frontera- y pudo adquirir armas por el tráfico de opio. Además, “recibieron mucha financiación y armas de Osama Bin Laden, quien venía de Arabia Saudita y llegó a Afganistán en la guerra contra la URSS”, explica Fantini. Bin Laden estaba enemistado con el gobierno de su propio país, pero el príncipe sultán lo propuso como tesorero de las fuerzas muyahidines que peleaban contra los soviéticos, con el razonamiento de que como era fanático, violento y millonario iba a ser bueno manejando dinero y combatiendo la corrupción, “una pandemia antigua de la nación afgana”. Cuando terminó la guerra contra los soviéticos, Bin Laden apostó a los talibanes en lugar de los otros líderes.

4. El atentado contra las Torres Gemelas

Mohammad Omar, conocido como el mulá Omar, fue el jefe de los talibanes y emir de Afganistán entre 1996 y 2001. “Llegó al poder gracias al armamento y territorios para entablar bases que consiguió Bin Laden. Junto a la otra cabeza, el líder egipcio Ayman al Zawahiri, se establecieron en Afganistán y planificaron el ataque perpetrado el 11 de septiembre, que alcanzó el grado de genocidio por la cantidad de muertes y que determinó la decisión de Estados Unidos de invadir Afganistán para desactiva Al Qaeda”.

Entre el 96 y el 2001, “los talibanes no llegaron a gobernar efectivamente. Fue un gigantesco caos, una inmensa anarquía en la cual el liderazgo máximo del mulá Omar se encargó de convertir a cada talibán, a cada combatiente, en un inquisidor sanguinario. Fue un régimen lunático en el cual millones de campesinos analfabetos (el grueso de los pashtunes) se convirtieron jueces y verdugos y actuaron con el mayor de los salvajismos”. Entre los sectores más castigados, se encuentran las mujeres, a quienes llegaron a prohibirle mostrar su rostro, sus manos y hasta reírse. La mujer perdió el derecho a salir de la casa sin un hombre que la acompañe, perdió el derecho a estudiar y a recibir cobertura médica. Se persiguió a homosexuales, se prohibió las expresiones artísticas y los barriletes.

5. ¿Por qué perdió Estados Unidos?

Los norteamericanos perdieron esta guerra por falta de tiempo. “A los muyahidines o talibanes no los agota ni debilita la guerra. Simplemente la habitan. En cambio, el invasor norteamericano tenía un tiempo acotado para obtener el resultado total o desde la economía y la sociedad les iban a decir “nos vamos nos de ahí, retirémosnos porque está saliendo demasiada sangre y dinero, y estas guerras no se ganan nunca”.

La motivación de invadir Afganistán se originó en los atentados del 11 de septiembre, sin embargo, Fantini cuestiona la decisión de invadir Irak: “No había razón porque Hussein era un criminal pero con el 11S no había tenido nada que ver. La motivación era otra y Bush la justificó con mentiras”. Además, el analista describe que durante la “invasión innecesaria, se cometieron errores increíbles”. El principal fue desarticular el ejército de Hussein, que era la estructura que llegaba a todos los rincones y le cortaba el camino a las organizaciones terroristas. “Ese error estratégico hizo que Irak se convirtiera en un agujero negro que supuró terrorismo. Allí nació la Al Qaeda que luego se convirtió en Isis”, explica.

Además, señala que Irak empezó a absorber la energía política militar y financiera de EEUU, mientras iba perdiendo vigor la ocupación en Afganistán, porque el grueso de dinero y los expertos en inteligencia militar y armas eran enviados a Irak.

Después de que Trump firmó en Doha la retirada escalonada, los talibanes -en vez de esperar pacientemente- salieron de sus feudos en el sur y en menos de una semana tomaron 33 de 34 capitales provinciales. Todo en tiempo récord. “Por eso se está viviendo esta catástrofe humanitaria, porque los norteamericanos se van de la peor de las maneras; dejando una imagen de derrota y en peligro a mujeres, homosexuales, a personas que colaboraron con ellos”, opina Fantini.

6. Lo que se viene

Ante la retirada de las tropas, “¿va a repetirse de manera inexorable el infierno inquisidor que vivió Afganistán entre 1996 y 2001?” se pregunta el politólogo, y responde que “no”. “La diferencia es que en los ‘90 los talibanes le debían haber llegado al poder al dinero del opio, a la ayuda de los pashtunes del Pakistán y a Osama Bin Laden. Esta vez tuvieron apoyos de China, Rusia, de Pakistán, de las monarquías árabes pero ahora tienen una deuda y a esos patrocinadores no les interesa que se repita la historia de los ‘90”, afirma.

“Lo lógico es pensar que aquellos talibanes que por haber vivido afuera y haber tenido que negociar con otros países van a querer que el nuevo emirato no se parezca a ese régimen psicópata de los ‘90 sino a la monarquías de la península arábiga. Eso sería lógico que pase, aunque no significa que sea lo que va a pasar. Va a haber pujas entre facciones… todo está por verse, la moneda está en el aire”, concluye.

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